Esto puede tener varias consecuencias negativas. En primer lugar debemos aclarar que, en medicina como también sucede en otras ciencias, hoy en día se analiza mucho el origen de la información. Existe bibliografía de alto valor científico y estadístico que no siempre es a lo que uno puede acceder desde la web. Por otra parte hay resúmenes muy abreviados que obvian ciertos conceptos muy necesarios para dar cabida, por ejemplo, a un diagnóstico y/o tratamiento eficaz.
En otro orden, hay muchos signos o síntomas que pueden indicar uno o varios diagnósticos, desde un mareo trivial hasta una enfermedad grave siendo un denominador común de muchas enfermedades. En estos casos la gran dificultad se manifiesta por la inadecuada interpretación de los mismos dando lugar, en determinados pacientes, a alarmas inútiles e innecesarias. Esto es lo que se conoce como “cibercondría”.
Muchos pacientes se asustan porque un pariente, amigo o el mismo médico mencionan algo que enciende, en ellos, una luz de alarma que, si no está bien encaminada puede tener efectos nefastos sobre la persona. A tal efecto es imperioso ya sea pedir las explicaciones a un profesional competente hasta entender cabalmente el problema o desoir comentarios furtivos de sujetos no entrenados o no preparados para hacer comentarios médicos impertinentes. Para quienes han sufrido enfermedades similares se debe tener en cuenta que cada paciente tiene su propia individualidad y que no todos padecen la misma sintomatología. De tal modo lo más saludable es no realizar diagnósticos o tratamientos siguiendo directrices desde la web como tampoco alarmarse innecesariamente por situaciones graves que pueden no ser tales.
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